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Erase una vez una mayonesa azul

Yo no se que tienen las neveras de los pisos compartidos, pero es indudable que, desde que el antiguo compañero se va en junio hasta que el nuevo llega en septiembre, en las neveras suceden cosas increíbles. Así, que antes de la llegada del nuevo inquilino, decidimos limpiar la parte de la nevera del antiguo.

Lo primero que llamó mi atención fue una especie de aceituna con rabo, que estaba en el fondo del cajón de las verduras. Pero sucedió que, al cogerla (y dios bendiga los guantes de latex, y el latex en general…) que la capa externa negra se desmorono en pegajosos hilos, dejando a la vista lo que era el hueso de una cereza.

Bajo la cerezuna, que la llamo yo, había una densa capa de cartón gris, que concluimos, mi novia y yo, que debían ser papeles de periódico mojados y prensados con fructosa y otros agentes hasta conseguir un cartón piedra rígido, de aspecto porcelánico, capaz de absorber miles de millones de bacterias.

En el estante superior, había un objeto blanco, duro y denso envuelto en papel de cocina. Lo saqué, lo abrí y prometo que era el trozo de queso más seco que he visto jamás. No desprendía olor, estaba tan seco y consumido que podías ver en la superficie unos anillos, como en los troncos, que iban informando de cómo había ido muriendo progresivamente. Aquel queso no tenía menos de once meses.

Respecto a lo que le pasa a la leche de soja tras dos meses, no voy a decir nada, pero digamos que si intentabas agitar el brick, el contenido se movía como una sola unidad compacta y gelatinosa, como cuando dejas el helado un ratito fuera del congelador.

Pero el descubrimiento más increíble fue un bote de Ligeresa azul. Pensábamos que era un bote de mayonesa vacío que había utilizado para meter alguna otra cosa, pero no. Era una bonita mayonesa azul verdoso, entre aguamarina y turquesa (que según mi novia son colores) y que os prometo que olía a menta. Mi novia dice que se había podrido. Yo creo que aquella mayonesa estaba viva. Había empezado a hacer la fotosíntesis con la luz de la nevera y estaba en plena gestación. Incluso creo que reaccionó al sonido de mi voz.

Y decía yo lo de la mayonesa porque cuando probé la Ligeresa sensación, me acorde de aquello que he leído cientos de veces en los libros de marketing: “si algo funciona, no lo toques”. Se ve que los desarrolladores de productos de Ligeresa y los responsables de marketing no habían visto el fracaso de los Donuts Light y pensaron que molaba cambiarle el sabor a la “Ligeresa Sensación”. Creo que todos sabemos gracias a las relaciones públicas, la publicidad y el marketing, que la relacion entre expectativas y resultados es la base de la satisfacción y fidelidad y, si espero una Ligeresa con menos calorías y lo que de das es una mayonesa que sabe a otra cosa, de satisfacción vamos mal. Con lo increíblemente difícil que es que alguien sea fiel a una marca y a un sabor, cómo se les ocurre cambiarlo tan radicalmente.

Podría extenderme y divagar más, y explicaros la diferencia que hay entre “bichitos del arroz” o “¡mira cariño! Escarabajos…”, pero seguro que os hacéis una idea.

En fin, solo aconsejaros que antes de devolverle a nadie su parte de la fianza, pedirle amablemente que limpie su parte de la nevera y de los armarios de las conservas.

Y diréis vosotros. ¿Por qué nos cuenta esto? Lo cierto es que tiene poco que ver con la comunicación, pero como nunca consigo solo pensar en una cosa, dentro de mi cabeza, que es como un todo a cien en rebajas, si que viene al hilo de esa preocupante realidad social de: “pues que lo arregle otro. Total yo ya me iba...”

Se que es difícil hacer algo cuando lo que esta mal no nos afecta, pero hay que ver lo mucho que ganaríamos todos si nos importase más ser sociales que parecer sociables. Y a este respecto ya hablaré más delante de esas extrañas resoluciones judiciales que tanto abundan últimamente.

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