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Navidad o victoria

Abuelos: acoplados con moscatel, canal plus y un recopilatorio de los programas de saber vivir de la 1.

Niños: Play3 regalada, doce juegos, en casa de los abuelos

Padres y suegros: preparando fiesta en casa, aún desconocen el plan

Notas a los padres y familiares: enviadas por correo ordinario, llegarán en 23.


Bien. Amigos, amigas, hermanos todos, no os voy a engañar. Somos una legión que se verá bombardeada por mensajes cursis de año nuevo, por e-mails que cantan y bailan mientras piden dinero para no se qué niño que le falta un pulmón, y otros que intentarán acertarnos el futuro del 2009 según la cantidad de lunares que tengas en el culo. Nos acosarán todo tipo de voluntarios con miles de lazos de colores hasta que parezcamos tunos o divas del día del orgullo gay. Nos cegarán las luces con forma de reno y campaña al olor de las castañas asadas y nuestra debilidad se verá aprovechada por vendedores de roas y otras mierdas que acabarán por vendernos diademas con cuernos de reno y gorros de Santa. Será una batalla dura, pero esta en nuestra vida, nuestro camino. Nuestros días de libertad y guerra, de amor y paz y no lograrán vencernos.


Recogeremos nuestras escasas pertenencias, montaremos al primer tren que salga hacia lo desconocido de la playa más lejana y desierta y allí, donde nadie nos conozca y ni siquiera sepamos hablar su idioma, podremos bajar a la arena, hacer una hoguera de turrón y polvorones al son de las campañas que redoblan por papa Noel. Quemar cajas de vino y cestas de navidad y ponernos hasta el culo de buen rioja, carne a la brasa, ron y tequila, whisky y vodka del bueno hasta que el nuevo año nos encuentre dormidos en los brazos de Baco, mientras Morfeo siga de fiesta con una gogo cubana.


Hubo un hombre que tuvo un sueño, uno que se disipaba si no se decía entre susurros. Algunos dice que ese sueño era “Roma”; otros creemos que era una Navidad sin familia ni vecinos. Soñó con casas vacías de familiares, de niños, de abuelos, de turrones duros rompe-muelas, y blandos pegados a las encías; de roscos de vino que no se come nadie y envejecen como las pasas de corinto en un rincón de la nevera junto a los mantecados de limón y coco. Soñó que los alfajores ardían más allá de Orión, que los polvorones y el chocolate con arroz inflado gemían de dolor en el fuego del infierno con llamas alimentadas por moscatel y anís del mono.


Aquel héroe mítico que soñó con el derrumbe de Toys”r”us y la debacle de Ikea vive hoy en nuestro pecho, arrancando corty-coles, navidornos y pisando huevos kinder. Luchando a capa y espada contra la legión de señoras-golum que rastrean las ofertas de los súper y los gitanos de la cabra o los rumanos de la acordeón, que me hacen pedir a gritos una reinserción laboral para dichos colectivos, por el bien de todos. Otros adalides hacen slalom por las calles esquivando a hordas de jobbits que ya no tienen cole, mientras sus padres nos cercan con sus compras de quince bolsas en aceras de un metro y pídele a Dios que no llueva, pídeselo porque por Tutatis que te clavan el paraguas hasta en el hígado con tal de no bajarse de la acera.


Y Dios te libre hermano de ir al mercado del jueves el día antes de Navidad o serás testigo de la crueldad, de la gula, la avaricia y el desden, de los mercaderes que se apoderan del templo mientras las viejas avaras regatean como cuervos y se esconden comida en los carros como las ardillicas en invierno, pero en versión arrugada. Mientas, quinceañeras posesas buscan rimmels y lacas de uñas y medias y cosas que asustan recorriendo las calles como Tina Turner en Mad Max ( hasta con las mismas pintas).

Hubo un héroe en nuestra alma que hoy pide venganza deseando que gritemos todos, todos juntos: ¡Nena pon el contestador y deja a los críos con tu madre que nos vamos a Jamaica!

Y si por avatares del destino, Jamaica queda lejos porque la crisis nos queda cerca, pues vamos a la cala del pino a ser tan paganos que hasta dios baje a pegarse la fiesta, los reyes se jueguen hasta la mirra al póquer y a los camellos que los manden al zm.





Y que nadie se ofenda, si yo adoro la navidad; es solo que me gustaba más cuando la cosa quedaba entre José, la Mari y el crío, sin tanto lío ni gasto absurdo. Ahora ya no se si soy un hereje convencido, un pagano con prejuicios o un cristiano agnóstico.

Lo que si se, es que como me vuelvan a cantar un villancico mis abuelas mientras mi madre rasca la botella de anís del mono, mi suegra toca la pandereta y mi cuñado le da a la zambomba, o me hago monje budista, o lo de Hannibal Lecter a mi lado, va a quedar como una merienda del Burguer king.



Desde aquí, por último, recordarle a Papa Noel que sigo sin tener chimenea, que las puertas de la terraza son correderas y no abatibles y que no tengo estufa, así que ya van tres años que nos deja los regalos en la secadora. A los reyes, comentarles que este año no me traigan nada, pero me paguen la factura de la alfombra que me decoraron los camellos y que lo que hay en el mueble bar es para todos, no solo para sus majestades. Y por cierto, el Cardhú seguro que también lo encuentran en oriente, que la naranja y el turrón no lo tocan, pero lo otro…

En fin, que Feliz Navidad a todos.


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