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Murcia

 

Lo he intentado con todas mis fuerzas. Por una vez he querido rendirme a la notoriedad sin pensar en la marca y sus objetivos. He querido olvidarme de los vínculos emocionales con esta tierra murciana que es Mi Tierra y entender la campaña “no-typical”.

 

Yo no voy a entrar en lo de la partícula negativa, porque eso no me interesa. “No rules” o “No fear” son del mismo corte y funcionan. Y no nos olvidemos del “Trina sin burbujas”. A veces decir lo que algo no es o no tiene, no es mala idea, pero claro, siempre que juguemos con la contraposición perfecta. Es decir: las reglas, el miedo y las burbujas son cosas no deseables para cada uno de los conceptos a trasmitir por las marcas que crearon esos slogans. En cambio, la paradoja absurda del “no-typical” es, que decir que algo no es típico, es en si mismo algo típico y propio de quien no sabe qué más decir. Es igual que hablar de los tópicos regionales en España, que es ya en si mismo un tópico.

 

Pero dejando a un lado mi posición de murciano y español, voy a verme como un extranjero – ya sea europeo o no – que se encuentra con este slogan. Y digo extranjero porque para darle el apelativo de turista, debería querer venir a Murcia, cosa que no se yo si va a pasar. Y claro, también digo que deben ser extranjeros a los que nos dirigimos, puesto que el slogan está en ingles. Si fuese una campaña “doméstica”, hubiera bastado con el español de andar por casa.

 

Y en esta pose de alemán jubilado o americano patriota, me pregunto: ¿Qué quiero yo saber de una región a la que ir de vacaciones o incluso para pasar el resto de mi vejez? ¿Quiero saber que no es típica? ¿Y qué es lo típico de allí?

 

Podría preguntarme también: ¿Y allí que hay? ¿Y la gente cómo es? ¿Será caro?

 

Pensaríais que son preguntas normales que todos nos hacemos antes de irnos de vacaciones. Pero es que somos tontos. No sabemos que lo que los futuros turistas piensan es:

 

-“Jhon, no será un sitio típico”

 

-“No Kate, es no-typical”

 

-Ah, genial, pues vamos a ver y a estar en algo que no se qué es ni dónde está ni qué entienden por atípico.

 

 

 

Pues yo creo que esto a lo mejor no pasa, pero bueno.

 

Además, y esto es lo más importante, yo no creo que no ser típico sea bueno para ninguna región. Sin nuestras cosas propias, somos solo lo común entre lo corriente. No podemos olvidar que Cartagena vive de su muralla y de su teatro romano, que La Manga es típica y tópica hasta el hastío, pero eso la hace sobrevivir y que la gente va a Jumilla, a Bullas y al Valle de ricote a beber vino, y a Totana y Lorca a comprar cerámica. Somos historia, costumbres, inveteradas maneras y normas no escritas que nos dan sabor propio. Si algo somos, es típicamente murcianos.

 

Y los murcianos, somos grandes. Somos grandes en todo. Las fiestas a lo grande. Las estafas a lo grande. Los errores inmensos y las virtudes también. Somos campechanos (como se dice siempre del Rey) y brutos, si, pero lo que hay es lo que ves. Y sin ser este mi slogan, de momento, la idea a reproducir sería “así somos”. Idea que fusionaría con la sinestesia propia de esta tierra. Propia de toda España, diría yo, pero alguien tiene que explotarla primero.

 

Nuestra música y nuestras fiestas se sienten y se bailan; entran por los oídos y los ojos, pero salen por las manos y los pies. La cerámica es áspera al tacto y elegante a la vista. Nuestras comidas están llenas de rojos y verdes, de naranjas de zanahoria y calabaza, de pimientos, de tomate, de embutidos adobados con pimentón y canela, de olores a leña, pan de pueblo y brillantes y crujientes brotes tiernos de lechugas y cerrajas.

 

La huerta huele a azahar, a limonero y naranjo, a almendro, a un almendro que posee una de las floraciones más bellas del mundo, por cierto, y a tomillo, romero y lavanda entre los montes de pinos. Y también sabe Murcia a sal de levante, desprende aroma a mar y arena, a puerto, a cultura fenicia, romana, cartaginesa, griega y me faltan palabras, tiempo y conocimietnos para ahondar en esta línea, pero es inmensa.

 

Tenemos vinos, aceites, salazones, arroz con denominación de origen, monumentos, historia viva en cada pedazo de muralla que aflora en cuanto se excava un poco, procesiones reconocidas internacionalmente, yacimientos íberos únicos y muchas más cosas que parece que no importan una mierda. Nada de eso parece importante porque son cosas típicas que todas las regiones tienen. Miren ustedes, que no sepan transmitir que nuestras cualidades son únicas, no avala que decidan no transmitir nada. O peor, que decidan que lo que mejor define a Murcia es la ausencia de cultura, folclore, tradición y recursos propios.

 

¿Es que no hay nada más que un refresco de sabor a cola?

¿Y porqué Coca-Cola es única?

 

Pues porque han creado un concepto, unos valores añadidos a la marca, unas asociaciones mentales que posicionan la marca no solo como líder y referente, sino cono paradigma de un modelo de vida. Igual es caro y complicado que Murcia sea todo eso y que se gaste la pasta que se dejan las grandes marcas en implantar y defender su imagen, pero seguro que hay un hueco en la mente del consumidor para que Murcia se posicione en algún sitio que nadie pueda ocupar. Si no podemos ser líderes de un sector o grupo, creemos nuestro propio sector y ocupémoslo. Creemos un status dentro de algún nicho de mercado y posicionémonos sin competencia. O no, compitamos generando una nueva necesidad o desarrollemos nuevos satisfactores para necesidades latentes. No se, porque a mi no me han encargado la campaña, pero hagamos algo.

 

¿Y si no estamos de acuerdo con que Murcia merezca ser visitada por lo que tiene o por lo que es?

 

Vale. Me lo creo. Vamos a pensar que nada de lo que la región tiene vale la pena. Todo eso no es importante. ¿Qué puede ser más destacable? ¿Su gente? Pues si.

 

Y me explico. Para el resto de españoles no seremos más que provincianos paletos, pero hay que reconocer que pocos sitios son tan hospitalarios, acogedores y festeros como Murcia. Y al turista medio extranjero, le interesa estar en un lugar con gente que se sabe divertir y que no siente a nadie (al menos europeo) como extraño. Y todo sea dicho, no deja de ser una ciudad pequeña y una región pequeña, en la que puedes ir andando a cualquier sitio y de una punta a la otra de su límite territorial en unas pocas horas; un límite en el que pasas de estar pescando entre palmeras a relajarte en un balneario de aguas termales en 50 minutos.

 

¿Qué todo esto sigue sin importar? Venga, me lo creo también.

 

¿Entonces qué tenemos para ofrecerle al turista?

 

Déjame pensar….

 

Ya, ya lo tengo: nada. Le decimos que no tenemos nada. Somos muy ingeniosos y le decimos que no somos la típica ciudad turística, que es lo opuesto de lo que queremos ser para que sienta curiosidad y venga. ¿Eh? ¿Vale? Joder, que creativo que soy… Soy tan creativo que ni me aguanto…. ¡Mira! Mira como creo. ¡Si es que me sale solo! Y para terminar, nos inventamos a un personaje, alguien que no existe, para completar la sensación de estafa y carencia de todo, y que cante ópera, que es muy propio de la región. ¿Vale? Pues ala. Listos.

 

 

 

Y para finalizar esta rabieta crítica y, seguramente, poco constructiva, diré que me encanta la metáfora visual del slalom de Audi, la del esquiador rojo esquivando obstáculos con precisión, seguridad y velocidad. Ahora, señores de Audi, para descenso bonito y trepidante, el que va a tener el turismo en Murcia.

 

Saludos a todos

 

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1 comentario

Mar -

No puedo ni quiero añadir ni una coma a todo cuanto has escrito.

Había "aparcado" el tema que tanto me enrabietaba y, conforme te leía, volvía a resurgir.

Somos grandes, como tú muy bien dices. Y esta campaña para conocernos es vergonzosa y vergonzante. Punto.

¡Un saludo!
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